Viriato, terror romanorum

Viriato es el nombre propio prerromano que más ha resonado en los libros de Historia Antigua de la Península Ibérica. Su figura ha sido exprimida al máximo y también ha sido utilizada y tergiversada para obedecer a intereses concretos. Ha sido ejemplo para los liberales debido a su rebeldía contra los romanos opresores. Ha sido héroe nacional de España y también de Portugal, existiendo incluso un litigio entre ambos países para disputarse la auténtica nacionalidad del caudillo: era lusitano, ni español, ni portugués, por cierto, porque en aquella época no existían ni España ni Portugal.

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De Tamorlan – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0

Las leyendas han surgido como setas tras la lluvia en aquellas zonas que han querido beneficiarse de Viriato: supuestas casas de Viriato, cuevas en las que se dice que se escondió, festividades de misteriosas batallas… La historia del caudillo que comenzó sus andaduras por las tierras peninsulares para vengar la traición del general romano que engañó y masacró a miles de lusitanos ha sido moldeada a gusto del consumidor, sin prestar atención a lo que realmente sabemos sobre él, algo que ocurre también , por ejemplo, con el cántabro Corocotta.

El sentimiento romántico que despiertan estos “héroes nacionales”, estos “mitos de la raza” parece ser más fuerte que las evidencias históricas, las únicas que realmente pueden aportar información y otorgar cierta base a lo que sabemos. A pesar de las leyendas que corren por ahí acerca de Viriato sin ninguna base histórica pero que son creídas a pies juntillas, he decidido escribir este artículo sobre Viriato basándome principalmente en las fuentes escritas, especialmente en Apiano, aunque existen algunos problemas con la cronología y la sucesión de cónsules en su relato.

Otros autores grecorromanos que hablaron de Viriato en sus textos fueron Diodoro de Sicilia, Dión Casio, Tito Livio, Posidonio, Plutarco o Rutilio Rufo.

Los orígenes de Viriato

No sabemos nada acerca de los orígenes de Viriato. No conocemos a qué clan pudo haber pertenecido, ni el nombre de sus progenitores, ni el lugar en el que nació y se crió. De hecho, no sabemos nada de Viriato hasta el momento en que Cayo Vetilio acorrala a los lusitanos y surge de entre el resto de guerreros recordando la falta de palabra de los romanos y liderando una estrategia que les salvó de aquel cerco.

Debido a su gran conocimiento del terreno, algunas de las zonas de origen que se le presuponen son el sur de Portugal o la Sierra de Huelva, descartando así la teoría de que procede de la Sierra de la Estrella o el norte de Portugal.

Diodoro de Sicilia le llamó “pastor”, por lo que podemos llegar a pensar que era ésta su ocupación antes de que la llegada de los romanos le hicieran convertirse en guerrero a tiempo completo. Algunos autores, sin embargo, creen que Diodoro empleó este término para destacar su salvajismo en contraposición a los agricultores, a quienes se supone más civilizados. Las grandes dotes de mando y estrategia de Viriato desde el principio hacen creer que no fuera un pastor sino que ya ostentara alguna jefatura menor dentro del ejército lusitano avalada quizá por un control de cabezas de ganado que derivara en el epíteto de “pastor”.

La traición de Galba

Servio Sulpicio Galba fue enviado como pretor a la Hispania Ulterior en el año 151 a.C. Las primeras batallas contra los lusitanos no le fueron favorables así que tras pasar el invierno en sus cuarteles, decidió volver a enfrentarse a ellos. Les propuso un pacto, prometiéndoles tierras en las que asentarse, y los lusitanos accedieron a ello.

30.000 lusitanos se acercaron a Galba dispuestos a aceptar el trato propuesto; el romano les hizo dividirse en tres campamentos y les pidió que entregaran las armas en señal de amistad. Una vez cumplida esa condición, el ejército de Galba cayó sobre miles de lusitanos desarmados, acabando con la vida de casi una tercera parte y tomando como esclavos al resto.

Sin embargo, algunos pudieron escapar. Un grupo de jóvenes lusitanos huyó y se escondió, con la intención de vengarse de la traición de Galba. Entre estos guerreros, se encontraba Viriato.

Viriato en Turdetania: Cayo Vetilio

La primera respuesta de los lusitanos consistió en una incursión en la Turdetania. Desde Roma fue enviado Cayo Vetilio para hacer frente a estos rebeldes, a quienes logró acorralar tras una batalla. Los mantuvo bajo asedio, esperando que se rindieran, hasta que una pequeña delegación de lusitanos llegó hasta él pidiéndole la libertad y tierras, prometiendo el final de las hostilidades.

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Estatua de Viriato y sus hombres en Viseu, Portugal

Vetilio se mostró de acuerdo con la propuesta y cuando los lusitanos estaban dispuestos a entregarse, una voz se elevó: era Viriato, recordando a sus compañeros la falta de palabra de los romanos y su tendencia a la traición. No solamente se dedicó a darles ese toque de atención sino que, además, propuso una estrategia que les liberaría del cerco romano al que estaban siendo sometidos.

Los lusitanos abandonaron el lugar en el que estaban acorralados, fingiendo estar dispuestos a entregarse a los romanos. En ese momento, Viriato subió a su caballo -era la señal convenida- y, excepto unos pocos que permanecieron con él, el resto se dispersó en varias direcciones aunque con e mismo destino, la ciudad de Tríbola.

Tras el desconcierto inicial, Vetilio se lanza a perseguir a Viriato; sin embargo, el lusitano no iba a ponérselo fácil: huía, se escondía, reaparecía y atacaba continuamente en lo que fue su táctica más eficaz. Cuando Viriato supuso que los demás habían llegado ya a Tríbola, se dirigió hacia allí atravesando bosques y rutas ocultas, siempre de noche.

En una última escaramuza, antes de llegar a Tríbola, Viriato y sus hombres llevaron a cabo una auténtica matanza de romanos y el propio Vetilio fue hecho prisionero. Sin embargo, un guerrero lusitano lo mató, sin pensar que aquel romano gordo y viejo fuera todo un pretor. Esta versión cambia según el autor: mientras Apiano sostiene que fue el guerrero quien acabó con la vida de Vetilio, Diodoro dice que fue el propio Viriato quien lo remató con su puñal.

Más tarde, los romanos consiguen en apoyo de titos y belos y lanzan un ataque hacia Viriato, quien acabó con todos ellos.

Viriato saquea Carpetania

Viriato, sin nadie que se lo impidiera, se dirigió hacia la Carpetania con sus hombres para conseguir botín. Desde Roma enviaron a Cayo Plaucio con 10.000 soldados de infantería y 1.300 jinetes. Envió a 4.000 de sus hombres contra Viriato pero éste logró exterminarlos.

Tras cruzar el río Tajo, Viriato y sus hombres se dirigieron hacia un monte de olivos que les serviría como refugio en más de una ocasión y que se conocía con el nombre de Monte de Venus. Tras este intervalo, Cayo Plaucio fue derrotado una vez más y Viriato se dedicó a recorrer la Carpetania exigiendo una parte de las cosechas y destruyendo los poblados que se negaban a colaborar con él.

Fabio Máximo Emiliano: las primeras derrotas de Viriato

Llega entonces a Hispania un nuevo cónsul: Fabio Máximo Emiliano, trayendo consigo 15.000 soldados de infantería y 2.000 jinetes. Una de sus primeras acciones es dirigirse a Gades a realizar un sacrificio a Hércules y poco después, muchos de sus hombres son asesinados por Viriato mientras cortaban leña. En una escaramuza posterior, los romanos volvieron a ser vencidos y además, perdieron parte de sus bienes que Viriato se llevó como botín.

Los hombres de Fabio Máximo Emiliano eran en su mayoría soldados inexpertos por lo que, a pesar de las continuas provocaciones posteriores de Viriato, no le ofreció batalla abierta sino que prefirió entrenar a sus hombres en los cuarteles durante el invierno.

La prudente decisión de Fabio Máximo Emiliano fue la adecuada: en primavera logró hacer huir a Viriato y sus hombres, saqueó una de las ciudades que le prestaban apoyo e incendió otra. Le persiguió hasta llegar a la ciudad de Bécor, la actual Bailén. Tras su mandato, fue sustituido por Quinto Pompeyo Aulo.

Viriato logra entonces el apoyo de arévacos, titos y belos contra los romanos, pese a lo cual pierde otro enfrentamiento y vuelve a retirarse al Monte de Venus, un lugar presumiblemente dedicado a una divinidad indígena que los romanos rebautizaron con el nombre de una de sus diosas. Este monte quizá era también un santuario, por lo que las retiradas de Viriato a este lugar podrían tener motivos estratégicos pero también religiosos. Hoy día, no se sabe con exactitud cuál es ese monte.

Tras esto, ataca de nuevo, matando a 1.000 soldados romanos y robando algunos estandartes. Posteriormente, expulsa a la guarnición romana de Ituca y devasta la Bastetania.

Serviliano y el retiro de Viriato a Lusitania

Fabio Máximo Serviliano será el siguiente en desembarcar en Hispania dispuesto a enfrentarse a Viriato, esta vez con 18.000 soldados de infantería y 1.600 jinetes. En su primer encuentro con Viriato, éste aparece con 6.000 guerreros que gritan, lanzan clamores y agitan sus largos cabellos con fiereza, pese a lo cual Serviliano no se amedrenta y sale vencedor.

Serviliano persigue a Viriato y en mitad del desorden y la confusión, el lusitano se da la vuelta para hacerle frente, acabando con la vida de 3.000 romanos. El resto es acorralado en un campamento que ataca de noche hasta que Serviliano decide regresar a Ituca.

Viriato se está quedando sin provisiones y tiene pocos hombres, así que incendia su propio campamento y regresa a Lusitania a reponer fuerzas. Serviliano, entonces, aprovecha para entrar en Beturia y saquear cinco ciudades favorables a Viriato además de atacar a los conios.

Curio y Apuleyo, descritos por las fuentes como “capitanes de bandidos”, aparecen con 10.000 guerreros y le arrebatan el botín a Serviliano. Es curioso ver que estos capitanes partidarios de Viriato tengan nombres romanos y no indígenas. Curio muere en la batalla y Serviliano recupera el botín, aunque su venganza no se queda ahí.

Tras capturar algunas ciudades, hace 10.000 prisioneros, de los cuales decapita a 500. El resto son vendidos como esclavos. Apresó a Connoba, otro “capitán de bandoleros” del que no sabemos mucho más, quien se rindió. Fue perdonado por Serviliano pero mandó cortar las manos de todos sus hombres.

Viriato contra Roma, capítulo de la serie Pasajes de la Historia, sección del programa La Rosa de los Vientos

Viriato, amigo del pueblo romano

Serviliano decidió construir un foso alrededor de Erisana, una de sus ciudades. Una noche, Viriato y sus hombres lograron entrar en la ciudad y tras atacar a los trabajadores que acudieron al alba, persiguió al ejército de Serviliano hasta que los acorraló en un alto cuya salida era un precipicio.

Viriato decidió aprovechar la ocasión de desespero de los romanos para ofrecerles un pacto, acto muy loado por Apiano en su obra. Es así como Viriato, el caudillo lusitano, se convierte en amigo del pueblo romano a cambio de obtener tierras para sus hombres. Quizá decidió, en lugar de matar a los romanos, usar esa oportunidad para asentar su poder entre los lusitanos mediante la posesión de tierras. Por otro lado, los romanos evitaban así que Viriato pudiera socorrer a los celtíberos, quienes sostenían sus propias batallas.

Seguramente es tras este pacto cuando se produce la boda de Viriato con la hija de Astoplas, ya que había romanos invitados a la ceremonia y a nadie parecía extrañarle. El episodio del enlace de Viriato, en el que éste desprecia los lujos exhibidos y tras repartir la comida y hacer sacrificios a los dioses se va con su esposa a las montañas, tan sólo aparece en los textos de Diodoro de Sicilia.

Los historiadores creen que está aderezado con detalles que ensalzan la figura de Viriato como un hombre sencillo y justo; otros argumentaron en su momento que era una manera de mostrar el desequilibrio existente en la sociedad lusitana. Por un lado aparece Astoplas como representante de una jerarquía enriquecida gracias al comercio y a la posesión de tierras, y por otro, Viriato, alguien que no tiene propiedades y vive del saqueo.

Sin embargo, hay un detalle importante que el texto no menciona y es precisamente el porqué de esa alianza matrimonial. Está claro que Viriato podría beneficiarse de la posición social y económica de su suegro Astolpas, ¿pero qué obtenía éste a cambio? ¿Quizá el prestigio de emparentarse con el gran caudillo que estaba sometiendo a los romanos?

La traición de Audax, Ditalcón y Minuro

Quinto Servilio Cepión, hermano de Serviliano, fue el sucesor de éste en el consulado y también en la guerra contra Viriato. Estuvo en contra desde el principio con el pacto que Serviliano había firmado con Viriato y así lo hizo saber a Roma en numerosas ocasiones. Su insistencia logró que desde Roma se concediera permiso a Cepión para provocar a Viriato y tratar que fuera él quien rompiera el acuerdo.

Sin embargo, no contaban con el poder de la palabra y el honor de Viriato, quien a pesar de todo no respondió a esas provocaciones atendiendo al pacto firmado. En vista de aquello, Cepión volvió a insistir a Roma sobre lo indigno del acuerdo hasta que obtuvo el permiso para romper el tratado y hacer la guerra abiertamente a Viriato.

Cepión persiguió a Viriato hasta la Carpetania, donde fue víctima de la táctica de ataque y retirada del líder lusitano. Pero las cosas iban a tornarse en favor del romano: Audax, Ditalcón y Minuro, captanes cercanos a Viriato, se presentaron ante él de parte de su caudillo para negociar un tratado de paz.

Un soborno por parte de Cepión bastó para que los tres compañeros entraran a la tienda de Viriato mientras éste dormía. Viriato, según nos cuenta Apiano, dormía poco, armado y preparado para la lucha, y tan sólo permitía a unos pocos entrar en su tienda durante su tiempo de descanso. Entre estos privilegiados se encontraban Audax, Ditalcón y Minuro, quienes acabaron con la vida de Viriato clavándole un puñal en el cuello, el único sitio vital que dejaba al descubierto su armadura.

Muerte de viriato

Muerte de Viriato por José Villegas (1890)

El funeral de Viriato

El dolor y la desesperación recorrió el campamento de Viriato al conocerse la muerte de su líder. Los tres ejecutores, mientras tanto, se dirigían hacia Cepión a cobrar su recompensa pero éste, tras pagarles, les mandó a Roma para negociar el resto de sus demandas. No existe constancia de que nadie pronunciara la famosa frase “Roma no paga traidores”. Lo más parecido que tenemos es una frase del Breviario de Eutropio según la cual Cepión afirmó que no era del agrado de Roma que un general fuera muerto por sus propios soldados.

El cadáver de Viriato fue vestido con sus mejores galas y quemado en lo alto de una pira. Se hicieron sacrificios en su honor y todos sus guerreros corrieron alrededor de la inmensa hoguera gritando cantos y alabanzas en honor de su jefe. Una vez que se extinguió el fuego, algunos guerreros pelearon entre sí junto a su tumba, cuya localización es desconocida.

Tántalo fue el guerrero elegido para suceder a Viriato pero tras algunas derrotas, acabó rindiéndose a Cepión.

Bibliografía

APIANO, Guerras Ibéricas. Aníbal (Fº Javier Gómez Espelosín, trad.) Alianza Editorial, 2006
PÉREZ ABELLÁN, J.A.(2006) Problemática en torno al estudio de la figura de Viriato en Panta Rei: revista de ciencia y didáctica de la Historia, nº 1, pp. 45-56
QUESADA SANZ, F. (2010) Los mitos de Viriato en Vaccea Anuario, nº 4, pp. 38-42
SALINAS DE FRÍAS, M. (2006) Los pueblos prerromanos de la Península Ibérica, AKAL Universitaria
SALINAS DE FRÍAS, M. (2008) La jefatura de Viriato y las sociedades del occidente de la Península Ibérica en Paleohispanica 8, pp. 89-120
VV.AA (2008), Diccionario de personajes históricos griegos y romanos, Ediciones Istmo

Licenciada en Historia en la Universidad de Alcalá y dedicada desde hace años a los celtas de la Península Ibérica, emprendí esta aventura en forma de blog para dar a conocer a estos desconocidos que son los pueblos celtibéricos. Huyo de los mitos, busco el rigor histórico y muestro aquí los resultados de mis estudios e investigaciones contados de forma amena para que a nadie le dé pereza leer Historia.

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