Los cántabros (1980)

Sentarse en el sofá a ver “Los cántabros” de 1980 y dirigida por Paul Naschy es una de esas cosas que se le ocurren a una en estas tardes invernales sin nada que hacer y con una enorme taza de té entre las manos. Y ya que he tenido esa osadía, os cuento aquí lo que me ha parecido la película.

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No voy a hacer una crítica desde el punto de vista cinematográfico porque desde luego no es mi especialidad pero sí me atrevo a decir que la película es mala, mala, aunque su director Paul Naschy es considerado una leyenda y al parecer, es lo que la salva entre los aficionados al género. Como peplum tampoco es que esté considerada una joya así que por lo dicen los que saben, es una película prescindible.

A mí me ha resultado entretenida, eso sí, dejando a un lado a la historiadora que llevo dentro porque si algo tiene es que sólo se parece a la historia real en dos pinceladas. Se nota el intento por ser fiel a las fuentes: se mencionan hechos documentados como la enfermedad que sufrió Octavio Augusto en Cantabria y la situación general de las legiones, incapaces de combatir a un enemigo que conocía muy bien su terreno y no podía las cosas fáciles a los romanos.

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Corocotta, el Conan español

La historia se centra en Corocotta, el bandido que se entregó para cobrar la recompensa que Octavio puso a su cabeza (y esto es lo único que sabemos de él) y el momento en el que Marco Vipsanio Agrippa se hace cargo de las campañas cántabras para tratar de conseguir la victoria de Roma en Hispania. Hasta aquí, todo correcto: ya la aparición de la hermana de Corocotta en forma de la fiera y hermosa guerrera Elia, su abnegada esposa Turinia, el druida Lábaro y la maga Selenia es parte de la imaginación de los guionistas y no tienen nada que ver con lo que conocemos por las fuentes históricas.

Esta película es ideal para todos aquellos que consideran a Corocotta como el héroe cántabro que unió a las tribus contra Roma ya que es una exaltación a la figura de este bandido desconocido y además, hay continuas alusiones a la “raza cántabra”. Se observa también el protagonismo de Agrippa, representado por el propio director de la película y antagonista de Corocotta en esta historia de guerra y rivalidades personales, eso sí, todo con mucho honor de por medio como ese momento en el que Octavio no acepta la entrega de Corocotta porque quiere vencerle en el campo de batalla. O más bien que sea Agrippa quien lo venza.

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Corocotta y amigos: ahí está el druida Lábaro, con túnica blanca y barba como los dioses mandan

En fin, la película es entretenida: tiene sus peleillas (¡hasta una entre gladiadores!), amor, traiciones, notas de humor e incluso cierto misticismo en esas escenas en que la maga Selenia adivina el futuro gracias al dios Erudino o cuando da a beber una pócima a Corocotta para procurarle sueños proféticos, pócima que, por cierto, aprendió a hacer de su maestro druida, de ésos que no había en la Península Ibérica.

Os dejo aquí su ficha en IMBD y también el enlace a la película en YouTube. La calidad es pésima pero creo que ese sonido a lata y esos paisajes descoloridos (madrileños, no cántabros, por cierto) le dan cierto encanto vintage. Si la habéis visto o la vais a ver, contadme qué os ha parecido 🙂

 

Licenciada en Historia en la Universidad de Alcalá y dedicada desde hace años a los celtas de la Península Ibérica, emprendí esta aventura en forma de blog para dar a conocer a estos desconocidos que son los pueblos celtibéricos. Huyo de los mitos, busco el rigor histórico y muestro aquí los resultados de mis estudios e investigaciones contados de forma amena para que a nadie le dé pereza leer Historia.

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