La diosa Ataecina

Ataecina es una de las diosas peninsulares más conocidas pero a la vez más misteriosas. No existen imágenes que nos hagan saber cómo la veían nuestros antepasados, tampoco sabemos qué tipo de ritos se hacían en su honor y ni siquiera conocemos demasiado bien su origen, que por cierto, parece ser muy, muy antiguo.

Sin embargo, el número de inscripciones que la mencionan y la extensión de las mismas en la Península Ibérica nos hacen creer que fue una diosa importante que, en contra de lo que se cree, no llegó a ser absorbida por completo por su “compañera” romana Proserpina y cuyo culto se extendió hasta el siglo III d.C.

¿Qué significa Ataecina?

Ataecina, Adaegina, Adagina, Ategina… son algunos de los nombres que veremos en relación a esta diosa. Estas diferencias en la escritura se deben seguramente a la transcripción de dialectos y a errores a la hora de traspasar a la lengua escrita latina las particularidades de la lengua oral indígena. No se ha podido establecer aún si existe algún tipo de cronología en estos nombres, es decir, que hayan evolucionado a lo largo del tiempo, por lo que se asume la teoría del error de transcripción y las diferencias dialectales.

La forma que más aparece es Ataecina y por ello es la que suele utilizarse. Este nombre viene del celta y quiere decir “Renacida”. Existió hace tiempo otra teoría que hacía derivar este nombre de la palabra irlandesa “noche”, -adaig, Adaegina, pero se ha descartado ya que esa palabra aparece en torno al siglo VIII por lo que se sale ampliamente de la cronología.

Lugares de culto de Ataecina

El lugar de culto de Ataecina parece abarcar la zona centro de Extremadura extendiéndose hacia el sur y entrando en la Beturia céltica. Las tres zonas de las que se suele hablar son Santa María del Trampal, Dehesa Zafrilla de Malpartida y Dehesa el Palacio. Existían así varias áreas de culto que no tienen porqué corresponderse con núcleos urbanos. Seguramente se trataba de pequeños templos o zonas cultuales rodeadas de alguna casa y quizá algún taller o pequeño comercio.

Se cree que Santa María del Trampal sería uno de estos núcleos de culto ya que la mayoría de las inscripciones dedicadas a Ataecina han aparecido en torno a este lugar donde hoy se levanta una ermita. Alrededor de esta ermita -e incluso en sus muros- han aparecido estelas y numerosos exvotos en forma de cabrita dedicados a la diosa.

Iglesia de Santa María del Trampal. En la esquina se aprecia una piedra con las oquedades donde se ponían los exvotos en forma de cabra. (Imagen de turismoextremadura.com)

Iglesia de Santa María del Trampal. En la esquina se aprecia una piedra con las oquedades donde se ponían los exvotos en forma de cabra.
(Imagen de turismoextremadura.com)

Turóbriga era sin duda el lugar en el que se centraba el culto a la diosa; no en vano aparece en numerosas inscripciones la fórmula “Ataecina Turobrigensis” y otras variaciones. Sin embargo, esta ciudad no ha podido ser localizada aún. Plinio (3, 14) la menciona pero sin decir exactamente dónde se encuentra por lo que, a pesar de las múltiples teorías que corren por ahí, hoy día no podemos decir dónde se encuentra. Una de las dificultades que tenemos para localizarla es que las inscripciones que la mencionan aparecen diseminadas por todo el territorio debido a los movimientos de población.

Los atributos de Ataecina

Durante algún tiempo hubo algunos debates acerca de si la diosa Ataecina tenía un carácter agrícola o un carácter infernal; actualmente ambas cosas son aceptadas ya que no son incompatibles. La propia diosa romana Proserpina, con la que se asocia, tenía carácter agrícola por un lado al ser quien traía la primavera y también infernal al ser la esposa del dios Plutón y vivir en el Inframundo.

Partiendo de la base de que Ataecina significa la “Renacida” podemos atribuirle sin problemas ese papel agrícola de traer la primavera y hacer renacer a la vegetación sobre la tierra. Este ciclo de las estaciones está asociado también al Inframundo a través del ciclo de la vida y la muerte; quizá la propia Ataecina realizara ella misma este ciclo al igual que Proserpina, caminando por el mundo durante la primavera y el verano para comenzar su descenso al Inframundo en otoño y vivir bajo tierra en invierno. Si esto era así, podemos entender por qué Ataecina parece ser una diosa tan importante en la región: de ella dependía el ciclo de las cosechas y los animales pero también el mundo de los muertos.

Otro atributo que se relaciona con Ataecina es el de la curación ya que existe al menos una inscripción en la que se le pide la curación de un ser querido. Si unimos esto con la inscripción de Mérida en la que se relaciona con las aguas, siempre asociadas a la salud -y también al paso al Otro Mundo-, podemos pensar en una función sanadora de Ataecina. Otra opción es que, simplemente, al ser una diosa aparentemente con tanto poder, se le pidiera la curación.

Por último, existe otra inscripción que nos da una idea de otra posible función de Ataecina. Se trata de un texto en el que el dedicante ha sufrido un robo y pide venganza por ello. ¿Quizá se puede relacionado con el aspecto infernal de Ataecina o acaso tenía también aptitudes para juzgar y castigar? Lamentablemente, tendremos que esperar a que, como siempre, aparezcan nuevas evidencias del culto a Ataecina.

El símbolo principal con el que se identifica a Ataecina son las cabras que aparecen en forma de exvotos relacionados con su culto. No se sabe si la cabra simboliza su carácter agrícola o su carácter infernal pero lo que está claro es que, en esa zona, este animal sería una de las principales bases de la economía de aquellos que rendían culto a Ataecina. Por último, en una inscripción aparece un vegetal que unos identifican con un ciprés y, por tanto, con la función infernal, y otros con una espiga de trigo, es decir, con la función agrícola.

cabra ataecina

Ataecina y Proserpina

Si algo nos ha ayudado a tratar de entender a Ataecina son las inscripciones que la ponen en relación con Proserpina. Sin embargo, ambas diosas no llegaron nunca a sincretizarse por completo por lo que hemos de ser cautos y no relacionar cualquier epígrafe dedicado a Proserpina en esa zona con una dedicación a Ataecina.

El hecho de identificar que ambas tenían las mismas funciones no quiere decir que se sustituyera el culto de una por la otra. En el siglo III d.C., con la romanización en Hispania más que asimilada, aún aparecen inscripciones dedicadas a cada una por separado. De hecho, en Úbeda aparece una inscripción en la que se relaciona a Ataecina con los Dioses Manes y no quiere decir que ambos cultos se asimilen sino que tienen la misma función.

ataecina

Lápida donde se menciona a Ataecina y a Proserpina

Ataecina y Santa Eulalia de Mérida

Además de a Proserpina, Fliedner establece una asimilación de Ataecina con Santa Eulalia de Mérida, cuyos cultos coinciden. Según él, la devoción a Ataecina tiene su continuidad en el culto a Santa Eulalia. No hay muchos más datos que podamos usar para confirmar esto aunque sí es cierto que el culto a Santa Eulalia comienza a comienzos del siglo IV d.C., poco después de que dejen de aparecer inscripciones a la diosa Ataecina.

Esperemos que en el futuro podamos saber más acerca de Ataecina. Por el momento, dejaré por aquí este tema que Moonspell dedicó a esta diosa lusitana.

Bibliografía

ABASCAL PALAZÓN, J.M. (2005) Ataecina en Biblioteca Cervantes Virtual
BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, J.M. (1995) Diccionario de las Religiones prerromanas de Hispania. Ediciones Istmo
GRIMAL, P. (1981) Diccionario de mitología griega y romana. Ed. Paidós.
LUJÁN MARTÍNEZ, EUGENIO R.
– (1995) Algunas reflexiones sobre la estela funeraria consagrada a Ataecina en Cuadernos de etnología y etnografía de Navarra, Año 27, nº 66, pp. 383 – 388
– (1998) La diosa Ataecina y el nombre de la noche en antiguo irlandés en Revista de lingüística y filología clásica, vol. 66, nº 2, pp. 291 – 306
OLIVARES PEDREÑO, J. C. (2002) Los Dioses de la Hispania Céltica, Real Academia de la Historia
SALAS MARTÍN, J. (1993) Epigrafía latina votiva de Santa Lucía del Trampal (Alcuéscar, Cáceres) en Norba 13: Revista de Historia, pp. 63 – 103

Licenciada en Historia en la Universidad de Alcalá y dedicada desde hace años a los celtas de la Península Ibérica, emprendí esta aventura en forma de blog para dar a conocer a estos desconocidos que son los pueblos celtibéricos. Huyo de los mitos, busco el rigor histórico y muestro aquí los resultados de mis estudios e investigaciones contados de forma amena para que a nadie le dé pereza leer Historia.

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