Las Guerras Cántabras: la campaña de Augusto

La presencia del emperador Augusto en Cantabria en el año 26 a.C. es una prueba de la importancia que tuvo para Roma el conflicto en el norte de la Península Ibérica. No solamente se trataba de detener de una vez por todas las hostilidades que podían llegar a servir de ejemplo para otras tribus sino también de un acto de prestigio por parte de Augusto. Prácticamente recién llegado al poder y con nuevas reformas en marcha, el nuevo gobernante de Roma pareció pensar que sería bueno conseguir méritos propios mientras se asimilaban los nuevos cambios propuestos.

Sin embargo y a pesar del despliegue que Roma realizó en esta primera campaña de las guerras cántabras, las cosas no iban a salir tal y como Augusto esperaba. La táctica esquiva pero efectiva de los cántabros junto con epidemias, plagas y los problemas de salud del propio emperador provocaron que éste abandonara Cantabria sin haber logrado los avances que deseaba.

Segisama, el campamento de Augusto en Cantabria

Estatua de Octavio Augusto en Sasamón, antes Segisama (Burgos)

Estatua de Octavio Augusto en Sasamón, antes Segisama (Burgos)

Segisama se ha identificado con la actual Sasamón, en Burgos, emplazamiento de los turmódigos, enemigos en ese momento de los cántabros. Se cree que el nombre de Segisama deriva del indoeuropeo “segh”, victoria, y del superlativo céltico latinizado “sama”, por lo que el significado del nombre de este campamento romano vendría a significar algo parecido a “muy victoriosa” o “la más victoriosa”.

Augusto llegó a Segisama acompañado por sus dos hijos adoptivos, Tiberio y Marcelo. Desde allí, planificó la estrategia con la que acosar y derrotar a los rebeldes cántabros, encabezando él mismo una de las tres columnas que partieron en tres direcciones, concretamente la que se dirigía directamente hacia el norte.

Las legiones de Augusto en Cantabria

Augusto llegó a Cantabria desde Tarraco acompañado de tres legiones que sirvieron de apoyo a las cuatro que ya se encontraban en la zona. Estas legiones se pusieron bajo el mando de Carisio por parte de la Hispania Citerior y del propio Augusto por parte de la Hispania Ulterior, quedando el reparto de la siguiente manera:

  • Legiones de la Hispania Citerior: I y II Augusta, IV Macedonica y IX Hispanienses, con un total aproximado de entre 30.000 y 50.000 soldados. Llevarían a cabo la acción directamente ofensiva.
  • Legiones de la Hispania Ulterior: V Alaudae, VI Victrix y X Gemina con el apoyo de tropas auxiliares, sumando unos 20.000 soldados. Se ocuparían de las tareas de limpieza y despeje del terreno.

La estrategia de Augusto en Cantabria

Desde Segisama, saldrían las legiones divididas en tres columnas: una central dirigida por Augusto siguiendo el Pisuerga y luego el Besaya, una hacia el oeste por Liébana siguiendo el río Deva y otra hacia el este que atravesaría Los Tornos hasta la costa. De esta manera, se ejercería un movimiento de pinza sobre las tropas cántabras, acorralándolos. Esta estrategia ya fue utilizada por Julio César en la Galia tres décadas antes.

A este movimiento de las legiones se sumaría la quema de poblados y cosechas, la destrucción del ganado y la hostigación a la población, por lo que los cántabros, cercados por el mar y por los romanos y sin víveres, no tendrían otro remedio que claudicar. Sin embargo, Augusto no contaba con la reacción que tuvieron los cántabros ante su estrategia ni tampoco con otras eventualidades que añadieron dificultades a su campaña.

Los cántabros, lejos de presentar batalla abierta a los romanos, se parapetaron en los riscos montañosos para hostigar así a las legiones romanas. Buenos conocedores del terreno, se apostaban en lugares escondidos para atacar a los soldados romanos con armas arrojadizas, ocultándose después para no ser vistos.

Además, se ocuparon de cortar los suministros de víveres que las legiones recibían desde Aquitania por vía marítima. Para los cántabros, resultaba muy sencillo atacar a las caravanas que cruzaban los pasos montañosos para abastecer a los soldados romanos. Por último, una plaga de ratas en el ejército romano provocó la aparición de una epidemia que hizo bajar las defensas de sus soldados.

Augusto abandona Cantabria

El desánimo y la frustración hicieron presa de Augusto, quien veía que a pesar de las estrategias y los esfuerzos no lograba grandes avances en la guerra contra los cántabros. Los malos augurios también parecían perseguirlo: un rayo cayó sobre uno de sus sirvientes muy cerca de él, lo que asumió como un mal presagio. Finalmente, una grave enfermedad hepática provocó que tuviera que abandonar Cantabria para regresar a Tarraco, desde donde retornaría a Roma en el año 24 a.C.

Imagen de Augusto propiedad de Rutas Tranquilas

BIBLIOGRAFÍA
ABASOLO ÁLVAREZ, J.A. (1975) Notas sobre el campamento romano de Sasamón en Pyrenae II, pp. 127 – 132
PERALTA LABRADOR, E. (2003) Los cántabros antes de Roma, Real Academia de la Historia
ROLDÁN HERVÁS, J.M. (2001) Citerior y Ulterior. Las provincias romanas de Hispania en la era republicana, Editorial Istmo

Licenciada en Historia en la Universidad de Alcalá y dedicada desde hace años a los celtas de la Península Ibérica, emprendí esta aventura en forma de blog para dar a conocer a estos desconocidos que son los pueblos celtibéricos. Huyo de los mitos, busco el rigor histórico y muestro aquí los resultados de mis estudios e investigaciones contados de forma amena para que a nadie le dé pereza leer Historia.

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