El significado de la muerte en el mundo celtibérico

No es un secreto el gran esfuerzo que tenemos que hacer los historiadores a la hora de conocer y comprender las creencias de nuestros antepasados más remotos especialmente debido a la falta de fuentes escritas esclarecedoras y en el mundo celtibérico esto tampoco es diferente. No disponemos de testimonios de primera mano, tampoco hemos encontrado textos religiosos descifrados y estudiados… por lo que nos queda recurrir una vez más a la arqueología para tratar de dilucidar cómo pensaban los que caminaban por estas tierras antes que nosotros. En este caso, vamos a intentar averiguar cómo veían la muerte o cuanto menos, qué podía significar para ellos.

La muerte y los dioses

Lo primero que podemos concluir es que la muerte era algo cotidiano para los celtas de la Península Ibérica, especialmente por el ambiente guerrero en el que vivían y los constantes enfrentamientos ya fuera entre tribus o posteriormente con púnicos y romanos. Por esta misma razón descubrimos una gran cantidad de divinidades relacionadas con el mundo de los muertos e incluso especializadas, pues tenemos por ejemplo a Vaélico, el dios lobo, encargado de guiar a los guerreros muertos hacia el Inframundo. Este mismo ejemplo nos deja ver que para los celtas peninsulares la muerte no era el fin, ya que esperaban ser guiados hacia el Otro Mundo y con este fin rendían culto a estos dioses entre los que encontramos psicopompos como Nabia o Airón y ctónicos propiamente dichos como Ataecina o Endovélico.

La muerte y los guerreros

Sabemos también por fuentes romanas que los celtas de la Península Ibérica no parecían temer a la muerte: se lanzaban a la lucha sin apenas protección buscando algunos la gloriosa muerte en la batalla, muchas veces elegían la muerte antes que la rendición, juraban la devotio a sus caudillos… No sólo no tenían miedo sino que además parecían buscar una manera heroica o cuanto menos honrosa de morir, ya fuera defendiendo lo suyo o protegiendo su honor. El tránsito hacia la muerte era tan importante como la muerte en sí misma y estaba considerada parte de la vida, un paso más al que no temían y para el que se sentían preparados, en especial si hablamos del ámbito guerrero. La creencia en la inmortalidad del alma les hacía tener la certeza de que la muerte no era el final.

La muerte y las mujeres, los niños y los ancianos

¿Pero qué pasaba con aquellos que no luchaban, con los niños, mujeres y ancianos? Solían ser enterrados bajo los suelos de las casas o incluso junto a las murallas de la aldea, suponiendo que ésta las tuviera, permaneciendo de esta forma cerca de su familia y de la tribu y diferenciados de los lugares de enterramiento de los guerreros, quienes merecían un estatus aparte. El hecho de tener cerca los restos de niños, mujeres y ancianos nos señala de nuevo esa creencia en la permanencia del alma, pues parecían querer facilitar la estancia de las almas de sus familiares en su hogar.

En algunos casos observamos la existencia de necrópolis cercanas al poblado, siendo parte del día a día de los vivos que podían interactuar con estos enterramientos por medio de oraciones, ofrendas o simplemente teniéndolos presentes gracias a esta cercanía. Estas necrópolis solían situarse cerca de los ríos, siendo el agua la frontera entre la vida y la muerte, tanto de forma metafórica como real. Recordemos que Nabia y Airón, las divinidades psicopompas, habitan en las corrientes fluviales y en el fondo de las lagunas respectivamente.

De todo esto podemos deducir no sólo la creencia en Otro Mundo y en la continuidad del alma tras la muerte, sino también la no existencia del temor a morir ni a lo desconocido. Tenían la certeza de que la Muerte no es el final sino otra etapa de la Vida, un rito de paso hacia otro estado.

Bibliografía

CERDEÑA, Mª LUISA, “Arqueología funeraria celtibérica”, Historiae 2, 2005

NIETO RAMIREZ, CARLOS, “El mundo funerario de celtas y celtíberos en la Península Ibérica”, Revista de Claseshistoria, Artículo nº 235, 2011

Licenciada en Historia en la Universidad de Alcalá y dedicada desde hace años a los celtas de la Península Ibérica, emprendí esta aventura en forma de blog para dar a conocer a estos desconocidos que son los pueblos celtibéricos. Huyo de los mitos, busco el rigor histórico y muestro aquí los resultados de mis estudios e investigaciones contados de forma amena para que a nadie le dé pereza leer Historia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *