Desperta Ferro “Antigua y Medieval” nº 17: “La Segunda Guerra Púnica en Iberia”

La Segunda Guerra Púnica (218 a.C. – 201 a.C.) es el conflicto que puso a los pueblos prerromanos en el mapa ya que es a partir de este momento cuando comienzan a aparecer en las fuentes y podemos saber algo de ellos.

En este número vamos a encontrar algunos aspectos detallados acerca del paso de cartagineses y romanos por la Península Ibérica que se acompañan de mapas, cronologías y esquemas de las batallas más importantes. Los artículos escritos por especialistas como Alberto Pérez Rubio, Eduardo Sánchez Moreno o Fernando Quesada Sanz junto con la bibliografía especializada son una manera perfecta de introducirse en la Segunda Guerra Púnica en Iberia y sus efectos sobre los habitantes de la península.

El ejército cartaginés en Iberia durante la Segunda Guerra Púnica

Las tropas de Cartago en la Península Ibérica se caracterizan por estar compuestas no solo por cartagineses sino también por soldados de orígenes muy diversos. Entre sus unidades encontramos flota, caballería, infantería y auxiliares que fueron usados de formas diversas y características contra Roma.

Conforme se sucedieron las derrotas ante los romanos, los cartagineses tuvieron que reforzar sus filas mediante el aumento de mercenarios indígenas, que también fueron usados para defender ciudades, y con más tropas llegadas desde Cartago ya en la fase final de la guerra.

La conquista de Cartago Nova. Punto de inflexión en la guerra de Iberia.

Publio Cornelio Escipión supo ver en qué residía la importancia de la ciudad de Cartago Nova: era un punto básico de comunicación entre la península y el norte de África, contenía las reservas de los cartagineses, apenas estaba defendida y además, allí estaban los rehenes íberos y celtíberos retenidos que podrían usarse para congraciarse con los indígenas.

En efecto, tras una batalla en la que la astucia de Escipión junto con un error táctico de Magón hizo que los romanos obtuvieran la victoria haciéndose con la ciudad, los íberos abandonaron a Asdrúbal y ofrecieron el título de Rex a Escipión después de que éste liberara a los rehenes entre los que se encontraban la esposa de Mandonio y las hijas de Indíbil, líderes de los ilergetes.

Ilustración de Carlos de la Rocha Prieto para Desperta Ferro

Baecula: ¿batalla campal importante o acción de retaguardia reñida?

Tradicionalmente se ha considerado la batalla de Baecula como una gran victoria de Escipión frente a los cartagineses liderados por Asdrúbal. El general romano atacó por los flancos rodeando así el campamento de los cartagineses e impidiéndoles la huida.

Sin embargo, Asdrúbal consiguió recuperar el grueso de su ejército y emprender una rápida retirada en dirección a Italia, donde Aníbal se disponía a atacar Roma. Esto hace que se cuestione si realmente Asdrúbal decidió sacrificar a una parte de sus tropas para poder marchar hacia Roma, algo que Quinto Fabio Máximo expuso en el senado.

Baecula, arqueología de una batalla

Este artículo complementa el anterior ya que Proyecto Baecula expone los trabajos arqueológicos realizados para poder estudiar esta batalla in situ. Es el primer campo de batalla que se ha analizado arqueológicamente. Para localizar el lugar se ha partido de las fuentes descartando los oppida con nombres ya conocidos para trabajar en los que estaban habitados en la época.

Esto junto con los materiales encontrados ha permitido no solo encontrar el campo de batalla sino también analizar diversos aspectos de la misma especialmente siguiendo el rastro de las tachuelas del calzado romano.

Oficial cartaginés. Ilustración de José Daniel Cabrera Peña para Desperta Ferro.

¿Entre la espada y la pared? Las gentes de Iberia en la Segunda Guerra Púnica.

Los pueblos prerromanos y las diferentes comunidades que los componían tenían diversas influencias y afiliaciones que, en ocasiones, fueron aprovechadas tanto por romanos como por cartagineses. Sin embargo, no hay que limitarse a pensar que los indígenas fueron simples peones manejados por ambas potencias,

Los pactos con romanos y cartagineses se hacían a través de instituciones como la devotio, el hospitium, matrimonios o rehenes pero los propios indígenas rompían estos acuerdos en base a sus propios intereses si así lo consideraban.

Las fortificaciones bárquidas en la Península Ibérica

Los generales bárquidas reforzaron las fortificaciones existentes o construyeron otras nuevas para crear tanto bases de operaciones como lugares de concentración de tropas. Para ello, las murallas estaban formadas por dos muros paralelos entre los que había estancias o casernas que podían servir de almacén, abrigo o lugar de reunión de los guardias.

En Tossal de Manises se han encontrado torres con espacio para máquinas lo que supone que estas murallas no se limitaban a ser defensas pasivas que ofrecían un obstáculo sino más bien defensas escalonadas que oponían una resistencia activa.

El pilum romano en la Segunda Guerra Púnica

Las circunstancias de la Segunda Guerra Púnica hizo que íberos y cartagineses usaran en ocasiones las mismas armas. De hecho, este conflicto sirvió como una especie de ensayo-error acerca de las armas, especialmente las arrojadizas.

Durante estos momentos, el pilum se abrió paso por delante de otras armas arrojadizas como las jabalinas que se habían empleado hasta ahora. De hecho, íberos y celtas también lo usaban aunque en su primera forma con la punta triangular. Posteriormente, los romanos emplearían la punta piramidal.

La batalla de Ilipa

La batalla de Ilipa (206 a.C.) fue un hecho decisivo en el conflicto entre romanos y cartagineses. Encontramos los antecedentes en la victoria que Marco Junio Silano tuvo frente a los cartagineses, quienes habían dividido a su ejército en dos para reclutar mercenarios en Celtiberia y acudir a Gadir respectivamente.

Finalmente en Ilipa, situada en algún lado en la orilla derecha del Guadalquivir y tras algunas escaramuzas entre caballería e infantería, Escipión logra forzar el comienzo de la batalla. Además, cambió la formación habitual de sus tropas sin que Asdrúbal se percatara de ello por lo que finalmente éste tuvo que huir, abandonando así Cartago la Península Ibérica que a partir de ahora queda en manos de Roma.

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