Los celtas de la Península Ibérica

¿Celtíberos o celtibéricos?

Con el término “celtíberos” distinguimos a las tribus que habitaron en concreto la franja oeste de la Cordillera Ibérica, llamados así por encontrarse en una zona de alta influencia íbera y celta al mismo tiempo. De esta manera, “celtibéricos” sería entonces el término más correcto para referirse a la totalidad de pueblos de cultura celta que encontramos en toda la Península Ibérica. No obstante, ambos términos son usados para referirse de forma genérica a los celtas de la Península Ibérica.

¿Cuáles son los pueblos celtas de la Península Ibérica?

Es complicado establecer con exactitud los nombres y localización de todos estos pueblos ya que su existencia no fue estática sino que fueron cambiando. Los celtíberos, por ejemplo, debido a su tendencia a la expansión, ampliaron su territorio con el paso de las décadas al apropiarse de las tierras de otras tribus. Cada uno de estos pueblos se dividía a su vez en varias tribus o clanes de los cuales, y en el mejor de los casos, sólo conocemos su nombre.

Generalizando, los pueblos celtas de la Península Ibérica -o que presentan al menos influencia celta- serían los siguientes aunque existieron más:

  • Galaicos
  • Cántabros
  • Astures
  • Belos, titos y pelendones
  • Arévacos
  • Vacceos
  • Celtíberos
  • Vettones
  • Carpetanos
  • Lusitanos

Los celtas de la Península Ibérica y los estudios sobre su origen

Existen algunas dificultades a la hora de estudiar a los pueblos celtibéricos dado que las investigaciones no parecen ser concluyentes especialmente en cuanto a su origen y llegada a la Península Ibérica. Igualmente, estas tribus presentan peculiaridades respecto a los celtas del resto de Europa y, dentro de las mismas, también se diferencian unas de otras debido a las distintas influencias que pudieron recibir de poblaciones locales como la tartésica en el sur o la íbera en la zona oriental. Estos contactos contribuyeron a enriquecer una cultura que acuñó moneda, desarrolló una lengua propia y tuvo una sociedad estratificada entre otras características.

cultura de campos de urnas

Reconstrucción de un enterramiento en urna en el Museo Arqueológico Nacional.

Las primeras investigaciones acerca del origen de estos pueblos vinieron de la mano de H. D’Arbois de Juvainville y Adolf Schulten, ampliada después por Bosch Gimpera, dando como resultado la tesis acerca de las distintas oleadas de invasiones por parte de la cultura de los Campos de Urnas. El problema que surgió en cuanto a esta idea fue la falta de evidencias arqueológicas claras, por lo que algunos autores como Almagro optaron por hablar de una única invasión, dividiéndose desde entonces los investigaciones en una u otra tendencia.

Especialistas en lingüística han tratado también de seguir la huella de estas invasiones, identificando algunas lenguas como la lusitana como precéltica, es decir, anterior a las invasiones, y las lenguas aparecidas en la Meseta como celtibéricas, evolucionadas a partir del celta centroeuropeo y anteriores al gaélico y al bretón.

A pesar de los trabajos de arqueólogos y lingüistas, siguen faltando una síntesis clara o una teoría que solucione las aparentes contradicciones de las evidencias epigráficas, históricas y lingüísticas que poseemos, pese a lo cual aún existen teorías que tratan de determinar el posible origen de los celtas de la Península Ibérica

Las influencias culturales en los celtas de la Península Ibérica

Las áreas centrales de la Península Ibérica aparecen ya habitadas en la Edad del Bronce (II Milenio a.C.) con la Cultura de Cogotas I, caracterizada por poblados en llanuras en los que han aparecido cerámicas y evidencias de una economía agrícola-ganadera que quizá contaba con una trashumancia local de ovicápridos. A finales de este milenio se encuentran influencias del Bronce Atlántico entre las que se encuentran elementos ideológicos como las ofrendas hechas a las aguas.

Ya en el I Milenio a.C., hacia el siglo IX a.C., se encuentran en la zona central del Sistema Ibérico poblados más volcados hacia la agricultura que siguen sin mostrar elementos defensivos tales como murallas o localizaciones elevadas. Es entonces también cuando aparecen las primeras cerámicas procedentes de la cultura de los Campos de Urnas pero también objetos de bronce que podrían caracterizarse como “proto-tartésicos” procedentes de la parte meridional. Sin embargo, aún no aparece el rito de la cremación, lo que sigue marcando la diferencia con los Campos de Urnas.

Este substrato cultural de transición entre Bronce Final y Edad del Hierro muestra elementos peculiares y característicos que muestran una influencia de la población local a la que se puede llamar “proto-céltica”. Estos elementos son variados, distinguiéndose por ejemplo un sustrato ideológico antiguo como los altares rupestres y las saunas de iniciación para guerreros.

La religión de los celtas de la Península Ibérica

Estrabón nos habla de un culto a un dios sin nombre relacionado con la luna, lo que hace pensar en ritos ancestrales relacionados con el cosmos y las danzas circulares y que los une al culto a elementos de la naturaleza: piedras (altares rupestres), montes, corrientes de agua, etc… testimoniados por la epigrafía y la lingüística y que indican un estado ideológico muy antiguo en todo el noroeste.

Santuario de Lugh en Peñalba de Villastar

Santuario de Lugh en Peñalba de Villastar

Las divinidades documentadas por la epigrafía en este momento son muy primitivas, sin forma antropomorfa y asociadas a elementos de la naturaleza. Almagro-Gorbea cree que esta falta de antropomorfia es la que hizo creer a Estrabón (III, 4, 16) que los galaicos no tenían dioses. En el campo religioso destaca también en este momento la costumbre de hacer hecatombes (Estrabón, III, 3,7) y otros sacrificios colectivos de purificación documentados en la inscripción de Cabeço das Fragoas y algún otro bronce.

También tenemos evidencias en este momento del uso de la adivinación y los augurios, para lo cual recurrían a los sueños, las aves, las entrañas, el fuego, el agua y en ocasiones el sacrificio de prisioneros, tal como nos cuentan autores clásicos: Suetonio, Apiano, Plutarco, Estrabón o Silio Itálico.

Los ritos relacionados con los guerreros nos dan pistas también de lo que debieron ser sociedades primitivas para las que la guerra y la muerte eran elementos principales y muy presentes. Por este motivo también existían cofradías o hermandades de guerreros que hacían un juramento al jefe (la devotio) o incluso a toda su tribu, lo que una vez más denota un carácter muy primitivo, al igual que las razzias que los jóvenes guerreros hacían fuera de su tribu como dice Diodoro Siculo y que se relacionan con la existencia de caudillos de carácter protocéltico.

Espada de antenas

Espada de antenas

Respecto a estos guerreros, Estrabón nos habla de un armamento anacrónico, más propio del Bronce Final que de la Edad del Hierro. Se cree que este desfase cronológico pueda deberse a que se trataba de armaduras usadas con fines rituales y que fueron creadas en tiempos más antiguos, según dice Almagro Gorbea.

La sociedad entre los celtas de la Península Ibérica

Otras costumbres nos remiten al importante papel de la mujer celtíbera en la sociedad, ya que ésta se encargaba de las labores del campo, los hombres recibían la dote de su esposa, las hijas recibían la herencia y casaban a los hermanos, según nos cuentan Estrabón y Justino, y además, eran depositarias de la memoria colectiva y podían tomar iniciativas como la de guerrear junto a los hombres.

La hospitalidad es otro rasgo característico de esta sociedad, ya que era considerada una muestra de prestigio, y también la organización por rango y edad a la hora de sentarse a la mesa. El jefe, elegido en asamblea por sus congéneres, tendría un sitio de preferencia. Usaban vasos de madera, lo que de nuevo Estrabón considera típico de los celtas, y bebían cerveza y usaban mantequilla para cocinar en lugar de aceite.

mujer celtibera

Familia carpetana (Museo Arqueológico Regional de Madrid?

La tierra se explotaba de forma colectiva, sustrato indoeuropeo anterior a la posterior organización socio-económica gentilicia documentada con posterioridad y propia de los celtas propiamente dichos.

En resumen, toda esta organización social y ritual corresponde a una primitiva sociedad preurbana de raíces indoeuropeas que la vincula con otras poblaciones europeas como los lacedemonios, tal y como señaló Estrabón, y anterior a lo que fue el sustrato celta de Europa Central. Aún así, todos estos rasgos arcaicos contienen a su vez elementos célticos bien señalados por la lingüística y la ideología religiosa, como apunta García Fernández Albalat, especialmente en la manera de concebir la guerra respecto a la sociedad. Todos estos datos relacionan el sustrato protocéltico de la Península Ibérica con los rasgos propiamente celtas que fueron asimilándose y extendiéndose.

¿Cómo llegaron los celtas a la Península Ibérica?: el evolucionismo y el invasionismo

La llegada de gente que ya tenía esos rasgos asimilados es tesis tradicional que sin embargo no ha podido documentarse con evidencias arqueológicas. Otra hipótesis habla de una evolución mediante aculturación, que no tiene por qué excluir la influencia de grupos humanos aunque ésta sería de forma más limitada. Dicha evolución vendría favorecida por efecto indirecto del comercio que llegaría a las élites y desde las que se extendería al resto de la sociedad.

Esta estructura social presente en la sociedad pastoril de la Cultura de Cogotas junto a la introducción y trabajo del hierro explicaría el desarrollo y el carácter de la cultura celtibérica de la Península. Los ajuares de las tumbas prueban la existencia de esta jerarquización social y una evolución de los enterramientos más antiguos con características de los Campos de Urnas anteriores a la Edad del Hierro.

A mediados del I milenio a.C., la influencia orientalizante de los pueblos mediterráneos dotarían a estos pueblos de la personalidad y las características que los diferencian del resto de los celtas europeos. La aparición de elementos relacionados con la cultura de La Tène indican contactos más profundos con otras sociedades célticas, seguramente de la Galia como dicen Apiano y Lucano. Todas estas evidencias arqueológicas, linguïsticas, sociales e ideológicas permiten que la segunda teoría, la de una evolución del sustrato protocéltico, parezca más posible que la de las oleadas invasoras, lo que no excluye de todos modos la presencia e influencia de grupos culturales celtas de Centro Europa.

cultura la tene

La tercera teoría: lo celta empezó en la Península Ibérica

Hace relativamente poco, se ofreció una tercera vía por parte de Ramón Sainero Sánchez, quien expone la teoría de que el origen de la cultura celta estuvo precisamente en la Península Ibérica, contraviniendo las tesis que hemos expuesto anteriormente. Basándose en estudios de ADN y también linguïsticos, afirma que el sustrato celta que encontramos en la Península en el siglo VII a.C. se extendió desde el territorio ibérico hacia el resto de Europa, configurando así el mundo céltico europeo que conocemos.

El Legado Celta (2011, Canal Historia), documental en el que se relaciona la cultura castreña del Noroeste peninsular con otras regiones celtas de Europa.

Algunos expertos de las Universidades de Oxford y de Gales avalan esta teoría, señalando que las lenguas primitivas del occidente atlántico tienen su origen en la Península Ibérica, concretamente en la zona donde se ubicaba Tartessos, desde donde se extendió hacia Galicia y de ahí al resto de Europa. La base de afirmación de Ramón Sainero es la semejanza de la escritura ibérica con las runas que aparecieron posteriormente en Irlanda, Inglaterra, Escocia, Alemania o Escandinavia.

Esta propagación linguïstica vendría favorecida por intercambios comerciales y desplazamientos de población. Se apoya también en el el texto de Herodoto, quien afirma que los primeros celtas existían en la zona de Tartessos, los llamados celtici. Además, los primitivos textos irlandeses como Los Anales de Clonmacnoise y El Libro de las Invasiones parecen dar a entender que desde Galicia se gestó la invasión y la conquista de Irlanda por parte de estos celtas.

Este estudio linguïstico es incompatible con las teorías que sitúan el origen de los celtas en Centroeuropa (Austria, sur de Alemania y Suiza), pues precisamente en estas zonas no se encuentran datos acerca de la lengua celta propiamente dicha que sí se encuentra en otros territorios. Estudios genéticos realizados en Reino Unido parecen demostrar la vinculación de las poblaciones del norte de España con Irlanda e Inglaterra.

A día de hoy, los investigadores siguen sin ponerse de acuerdo en cómo sucedió exactamente esta aculturación céltica por parte de los pueblos que habitaban la Península Ibérica, por lo que no existe una versión oficial ni un consenso acerca de este proceso, quedando a la espera que evidencias más concluyentes que puedan afectar las investigaciones y hacer que los especialistas puedan decantarse hacia un lado.

Para saber más sobre los celtas de la Península Ibérica: